La educación emocional
La
educación emocional está relacionada con fenómenos afectivos, las
características y causas de las emociones, los tipos de emociones, las
estrategias y competencias de afrontamiento de las emociones, las teorías sobre
las emociones y la inteligencia emocional.
Las competencias
emocionales potencian
y favorecen la capacidad para resolver problemas y evitar conflictos y por lo
tanto están directamente relacionadas
con el clima de convivencia del centro escolar, por ello, es imprescindible
una planificación consensuada y una intervención desde una perspectiva
interdisciplinar que se implemente a lo largo de toda la secundaria incidiendo
en esta intervención en las clases de tutoría.
Las
emociones nos ayudan a expresar y comunicar a los demás cómo nos sentimos y a
adaptarnos a cada circunstancia, por eso, es necesario aprender a reconocerlas
y regularlas. Las emociones tienen claras repercusiones en procesos mentales
como la memoria, la atención, la percepción, la creatividad, el razonamiento,
etc. y por lo tanto, están muy relacionadas con los resultados académicos.
El Informe Delors (Unesco 1996) afirma que muchos problemas tienen su origen en el ámbito emocional, por lo que la educación emocional es una herramienta fundamental de prevención en el desarrollo cognitivo de las personas.
El Informe Delors (Unesco 1996) afirma que muchos problemas tienen su origen en el ámbito emocional, por lo que la educación emocional es una herramienta fundamental de prevención en el desarrollo cognitivo de las personas.
Es
necesario conocer las propias emociones y aprender a regularlas, ya que, nos
permiten conocernos y además analizar y expresar cómo nos sentimos de manera
adecuada en nuestra relación con los demás. No se trata de evitar las emociones
negativas, sino de regular estas emociones, evitando conflictos con mayor tolerancia ante las frustraciones y
mayor flexibilidad y adaptación a las situaciones nuevas. Es fundamental aprender
el papel de las emociones y canalizarlas de forma positiva, entendiendo las
causas de éstas y aprendiendo a usarlas adecuadamente en cada situación y
contexto (autoconocimiento emocional) para mejorar las relaciones
interpersonales, aprendiendo a captar
las necesidades de los demás (empatía). Cuanto más conocimiento se tiene de las
propias emociones y más control sobre éstas (inteligencia intrapersonal), mayor
es la capacidad de entender los sentimientos de los demás (inteligencia
interpersonal). Las emociones influyen notablemente en la regulación de la actividad y la conducta del sujeto, afectando la manera de afrontar los retos de cada día.
La
educación emocional implica educación en valores y ésta debe estar fundamentada
en la práctica, en un clima y un contexto que facilite la manifestación de este
aprendizaje en acciones concretas de la conducta. Algunos comportamientos que
se pueden valorar son: respetar, apreciar, aceptar, ser consciente de,
empatizar, prestar atención, estar sensibilizado a, actuar, conformarse con,
interesarse por, percatarse de, tolerar, reaccionar a…..
“Aprender
un valor significa que se es capaz de regular el propio comportamiento de
acuerdo con el principio normativo que dicho valor estipula” (Bolivar, 1995)
La
educación en valores y la inteligencia emocional es un campo compartido, no es
exclusivo de la educación formal sino que existen diferentes ámbitos de
influencia educadora que afectan el desarrollo de cada alumno. Cuanto más conozcamos
el alcance de esta influencia y consigamos acercar los distintos contextos y
recrear los distintos ámbitos de influencia en el aula, lograremos una
intervención más efectiva. Para ello es necesario interrelacionar los distintos
ámbitos de intervención educativa.
El
principal problema en la actualidad es la disparidad tan grande que hay en las
formas de valorar y en el orden y la jerarquía de los valores en los distintos
ámbitos en los que se mueven los alumnos (familia, escuela, medios de
comunicación, etc.) y la confusa interpretación que se le da a cada valor en
este tiempo. Los adolescentes están en la etapa de la vida en la que están
construyendo su propia escala de valores y lo hacen en medio de una pluralidad
en la que las interacciones son constantes y dinámicas. Unos son los valores
que se promueven en la escuela y otros muy distintos los que se manifiestan en
los medios de comunicación y ellos aprenden estos valores a lo largo de la
experiencia cotidiana en los distintos ámbitos de convivencia. La educación en
valores tiene una función socializadora, de integración en la sociedad y una función personalizadora, de
desarrollo de la personalidad y de la autonomía. Los valores no se pueden
imponer, sino que se elaboran de forma personal, a través de vivencias propias
y de la información recibida en cualquier ámbito de convivencia. Por eso, es
necesario transmitirlos en un clima de libertad, siendo conscientes de que el
entorno y el ambiente influyen en la construcción de la propia jerarquía y que
la educación de los valores implica una percepción creativa de la realidad, una
interiorización crítica y una acción y expresión personal. (González Lucini,
1990)
Aunar
esfuerzos y compartir estrategias y técnicas utilizadas en los distintos
ámbitos facilitan la transmisión de esos valores y el desarrollo de las
competencias emocionales. La educación formal, no formal e informal tienen sus
áreas de influencia y ninguna por si sola puede satisfacer las necesidades de
aprendizaje de los alumnos en el tema de los valores y de la inteligencia
emocional. Hay relaciones de complementariedad, de refuerzo y de colaboración entre
ellas y es por eso que, cuanto más se compartan las estrategias y los recursos
utilizados en cada una de ellas, se conseguirá una intervención más efectiva
desde la educación formal. La familia, la calle, la ciudad, los medios de comunicación, los iguales, el deporte, las actividades complementarias escolares, etc., son contextos que influyen en la educación en valores y es necesario tener en cuenta todas estas áreas de influencia e intentar conectarlos realizando una intervención desde una perspectiva sistémica.
Con
cada una de nuestras conductas estamos transmitiendo valores y por lo tanto, la
primera estrategia de formación en valores es nuestro ejemplo. Es necesario
crear un ambiente cercano y de proximidad afectiva para poder ser efectivos con
las estrategias que utilicemos para transmitir estos valores. Las técnicas de
dinámicas de grupos, el juego, las normas, la narración de cuentos, las
fábulas, el role playing, el estudio de casos, los grupos de discusión, la
discusión de dilemas morales, etc. son muy útiles para la transmisión de esos
valores. A través de estas técnicas he estado interviniendo junto a los tutores en tres grupos aula distintos y hemos podido comprobar la efectividad de la intervención.
Es
necesario moverse dentro de una metodología que facilite situaciones en las que
los alumnos se enfrenten a esos valores, dentro de un clima abierto, dialogante
que favorezca las experiencias y la reflexión sobre las mismas. Es
imprescindible favorecer la participación activa de los alumnos, para promover
la reflexión, la toma de decisiones, la responsabilidad, la implicación, la
determinación y los cambios.
Algunos
de los temas que se han tratado en las distintas sesiones en los grupos aula han
sido:
- · Inteligencia emocional (conciencia de las emociones y autoconocimiento)
- · Inteligencia intrapersonal e interpersonal
- · Autorregulación
- · Empatía
- · Responsabilidad social
- Espíritu crítico
- La motivación
- Prejuicios y estereotipos
- Violencia de género
- · Relaciones interpersonales
- · Asertividad
- · Adaptabilidad
- · Manejo del estrés
- · Resolución de conflictos y problemas
- · Autoconcepto
- · Autoestima
- · Tolerancia
- · Control de impulsos
- · Resiliencia
- · Habilidades sociales
- · Locus de control (Atribución a factores externos e internos)
- · Estilos de aprendizaje
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