viernes, 3 de junio de 2016

Intervención en valores




La educación emocional

 


La educación emocional está relacionada con fenómenos afectivos, las características y causas de las emociones, los tipos de emociones, las estrategias y competencias de afrontamiento de las emociones, las teorías sobre las emociones y la inteligencia emocional.

Las competencias emocionales potencian y favorecen la capacidad para resolver problemas y evitar conflictos y por lo tanto están directamente relacionadas con el clima de convivencia del centro escolar, por ello, es imprescindible una planificación consensuada y una intervención desde una perspectiva interdisciplinar que se implemente a lo largo de toda la secundaria incidiendo en esta intervención en las clases de tutoría.
Las emociones nos ayudan a expresar y comunicar a los demás cómo nos sentimos y a adaptarnos a cada circunstancia, por eso, es necesario aprender a reconocerlas y regularlas. Las emociones tienen claras repercusiones en procesos mentales como la memoria, la atención, la percepción, la creatividad, el razonamiento, etc. y por lo tanto, están muy relacionadas con los resultados académicos.

El Informe Delors (Unesco 1996) afirma que muchos problemas tienen su origen en el ámbito emocional, por lo que la educación emocional es una herramienta fundamental de prevención en el desarrollo cognitivo de las personas. 
Es necesario conocer las propias emociones y aprender a regularlas, ya que, nos permiten conocernos y además analizar y expresar cómo nos sentimos de manera adecuada en nuestra relación con los demás. No se trata de evitar las emociones negativas, sino de regular estas emociones, evitando conflictos con  mayor tolerancia ante las frustraciones y mayor flexibilidad y adaptación a las situaciones nuevas. Es fundamental aprender el papel de las emociones y canalizarlas de forma positiva, entendiendo las causas de éstas y aprendiendo a usarlas adecuadamente en cada situación y contexto (autoconocimiento emocional) para mejorar las relaciones interpersonales,  aprendiendo a captar las necesidades de los demás (empatía). Cuanto más conocimiento se tiene de las propias emociones y más control sobre éstas (inteligencia intrapersonal), mayor es la capacidad de entender los sentimientos de los demás (inteligencia interpersonal). Las emociones influyen notablemente en la regulación de la actividad y la conducta del sujeto, afectando la manera de afrontar los retos de cada día.

La educación emocional implica educación en valores y ésta debe estar fundamentada en la práctica, en un clima y un contexto que facilite la manifestación de este aprendizaje en acciones concretas de la conducta. Algunos comportamientos que se pueden valorar son: respetar, apreciar, aceptar, ser consciente de, empatizar, prestar atención, estar sensibilizado a, actuar, conformarse con, interesarse por, percatarse de, tolerar, reaccionar a…..

“Aprender un valor significa que se es capaz de regular el propio comportamiento de acuerdo con el principio normativo que dicho valor estipula” (Bolivar, 1995)

La educación en valores y la inteligencia emocional es un campo compartido, no es exclusivo de la educación formal sino que existen diferentes ámbitos de influencia educadora que afectan el desarrollo de cada alumno. Cuanto más conozcamos el alcance de esta influencia y consigamos acercar los distintos contextos y recrear los distintos ámbitos de influencia en el aula, lograremos una intervención más efectiva. Para ello es necesario interrelacionar los distintos ámbitos de intervención educativa.


El principal problema en la actualidad es la disparidad tan grande que hay en las formas de valorar y en el orden y la jerarquía de los valores en los distintos ámbitos en los que se mueven los alumnos (familia, escuela, medios de comunicación, etc.) y la confusa interpretación que se le da a cada valor en este tiempo. Los adolescentes están en la etapa de la vida en la que están construyendo su propia escala de valores y lo hacen en medio de una pluralidad en la que las interacciones son constantes y dinámicas. Unos son los valores que se promueven en la escuela y otros muy distintos los que se manifiestan en los medios de comunicación y ellos aprenden estos valores a lo largo de la experiencia cotidiana en los distintos ámbitos de convivencia. La educación en valores tiene una función socializadora, de integración en  la sociedad y una función personalizadora, de desarrollo de la personalidad y de la autonomía. Los valores no se pueden imponer, sino que se elaboran de forma personal, a través de vivencias propias y de la información recibida en cualquier ámbito de convivencia. Por eso, es necesario transmitirlos en un clima de libertad, siendo conscientes de que el entorno y el ambiente influyen en la construcción de la propia jerarquía y que la educación de los valores implica una percepción creativa de la realidad, una interiorización crítica y una acción y expresión personal. (González Lucini, 1990)

Aunar esfuerzos y compartir estrategias y técnicas utilizadas en los distintos ámbitos facilitan la transmisión de esos valores y el desarrollo de las competencias emocionales. La educación formal, no formal e informal tienen sus áreas de influencia y ninguna por si sola puede satisfacer las necesidades de aprendizaje de los alumnos en el tema de los valores y de la inteligencia emocional. Hay relaciones de complementariedad, de refuerzo y de colaboración entre ellas y es por eso que, cuanto más se compartan las estrategias y los recursos utilizados en cada una de ellas, se conseguirá una intervención más efectiva desde la educación formal. La familia, la calle, la ciudad, los medios de comunicación, los iguales, el deporte, las actividades complementarias escolares, etc., son contextos que influyen en la educación en valores y es necesario tener en cuenta todas estas áreas de influencia e intentar conectarlos realizando una intervención desde una perspectiva sistémica.

Con cada una de nuestras conductas estamos transmitiendo valores y por lo tanto, la primera estrategia de formación en valores es nuestro ejemplo. Es necesario crear un ambiente cercano y de proximidad afectiva para poder ser efectivos con las estrategias que utilicemos para transmitir estos valores. Las técnicas de dinámicas de grupos, el juego, las normas, la narración de cuentos, las fábulas, el role playing, el estudio de casos, los grupos de discusión, la discusión de dilemas morales, etc. son muy útiles para la transmisión de esos valores. A través de estas técnicas he estado interviniendo junto a los tutores en tres grupos aula distintos y hemos podido comprobar la efectividad de la intervención.

Es necesario moverse dentro de una metodología que facilite situaciones en las que los alumnos se enfrenten a esos valores, dentro de un clima abierto, dialogante que favorezca las experiencias y la reflexión sobre las mismas. Es imprescindible favorecer la participación activa de los alumnos, para promover la reflexión, la toma de decisiones, la responsabilidad, la implicación, la determinación y los cambios.

Algunos de los temas que se han tratado en las distintas sesiones en los grupos aula han sido:
  • ·         Inteligencia emocional (conciencia de las emociones y autoconocimiento)
  • ·         Inteligencia intrapersonal e interpersonal
  • ·         Autorregulación
  • ·         Empatía
  • ·         Responsabilidad social
  •       Espíritu crítico
  •       La motivación 
  •       Prejuicios y estereotipos
  •       Violencia de género  
  • ·         Relaciones interpersonales
  • ·         Asertividad
  • ·         Adaptabilidad
  • ·         Manejo del estrés
  • ·         Resolución de conflictos y problemas
  • ·         Autoconcepto
  • ·         Autoestima
  • ·         Tolerancia
  • ·         Control de impulsos
  • ·         Resiliencia
  • ·         Habilidades sociales
  • ·         Locus de control (Atribución a factores externos e internos)
  • ·         Estilos de aprendizaje

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